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8th Wroclaw Industrial Festival

 
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Publicado
2009-11-23
 
Wroclaw es una preciosa ciudad polaca en la que cada año se celebra por estas fechas uno de los festivales más importantes de industrial bien entendido. Mentenebre estuvo presente, y se dispone a narraros los escalofriantes acontecimientos que en él tuvieron lugar.
 

Cuatro días de melodías asonantes y caóticas, de experimentación sin límites, de gritos y alaridos, de descontrol y psicodelia industrial. Wroclaw ha reunido a nada menos que veinte bandas de este género en cuatro días de incesante descarga ruidista. Los responsables de este evento fueron una vez más la asociación Art industrial Gallery, y si todavía os queda alguna duda al respecto, la liaron parda.

8th Wroclaw Industrial FestivalLa primera cita de este octavo certamen de ruido se produjo en un precioso centro cultural conocido con las siglas BWA. De estilo neoclásico, la habitación donde actuaron las dos bandas que comprendían el cartel de aquel día, Stupor y Rapoon, ambas británicas y con años de carrera a sus espaldas, presentaba una acústica impresionante; ideal para la música que estas dos formaciones conforman con sus sintetizadores e instrumentos. Stupor dio comienzo a la velada de forma puntual y directa. El concierto estuvo compuesto por una colección de cortes experimentales con cierto toque ruidista. Tras el dúo se proyectaba un vídeo en el que se podía observar el esqueleto de un ser humano tratado por los efectos de los rayos X. Éste realizaba operaciones funcionales simples, como comer o beber. Era muy entretenido ver como el susodicho sujeto masticaba la comida convirtiéndola en un bolo alimenticio que descendía hacia su estómago como si se tratase del coche de una montaña rusa.

Rapoon dio el toque de distinción a aquella noche del cuatro de noviembre. Fue una actuación muy sensitiva e interesante. Las ondas sonoras se entrelazaban con halitos de humo desprendidos de barras de incienso. Una bailarina con cierto influjo en el arte de la danza contemporánea y el Reiki jugaba y modelaba las desconcertantes notas de Robin Storey bajo un único foco de luz. La experiencia resultó inolvidable.

El viernes comenzaron los platos fuertes. Nada menos que siete agrupaciones dieron todo de sí mismas en una iglesia reformada de estilo gótico, con una preciosa techumbre de bóveda de arista sobre la que colgaban dos impresionantes lámparas circulares del hierro forjado. Akimbo, un combo checo con deje electro pero espíritu industrial, abrió el espectáculo. No estuvieron mal, pero podrían haberlo hecho mucho mejor, ya que en algunas ocasiones se descompasaban los instrumentos. Les siguieron los alemanes, hoy residentes en Londres, Gerechtigkeits Liga. Si tuviese que resumir su actuación con una palabra, esta sería IMPRESIONANTE. El hoy trío deleitó a los asistentes con un espectáculo marcial sin parangón. Muy diferente a la música que realizaban hace ya más de veinte años. No han perdido en absoluto el espíritu macabro y sepulcral que les caracteriza, es más, lo han complementado con una contundente percusión y unas hipnóticas melodías que me dejaron estupefacto.

Illusion Of Safety no estuvo mal. El estadounidense se marcó un tema de aproximadamente media hora en el que no faltaron todo tipo de sonidos, acoples, chirridos, melodías tribales, desesperación, notas de cuerda y sensaciones extralimitadas. Se proyectaron vídeos realizados por el propio artista que acompañaban a su música. La verdad es que intentó impresionar más de lo que pudo, aunque tampoco hay que tenérselo en cuenta; al fin y al cabo es complicado llevar a cabo este tipo de música experimental en solitario. Tienes que estar atento de cuatrocientosveintisietemil balances al mismo tiempo, y él lo hizo con maestría y cierto estilo.

Savage Republic fueron unos de los mejores del festival. La verdad es que la banda no pega demasiado dentro del cartel, pero, ¡qué demonios, resultaron impresionantes! La música de este cuarteto es una simbiosis de post-punke industriala lo Einstürzende Neubauten, y os puedo garantizar que es una de las mejores formaciones en directo que he tenido el pacer de contemplar. Demostraron ser unos músicos ejemplares, rebosantes de energía y talento. La banda de Los Ángeles estuvo dándolo todo durante aproximadamente tres cuartos de hora. El público estaba que no se lo creía, y yo con la boca abierta. Sinceros y humildes, como deben ser los grandes genios, dieron una lección a los que piensan que la música debe ser encasillada por estereotipos. Sentenciaron el evento. A partir de aquel momento iba a ser muy difícil que alguien les superase en maestría, y eso que quien venía detrás era nada menos que mi querido Peter Christopherson de los ya desaparecidos Coil y los itinerantes Throbbing Gristle, creadores indiscutibles de todo el movimiento industrial.

Esta nueva faceta de “Sleazy” es conocida con el nombre de Soisong, esta vez el polifacético músico se encuentra acompañado por Ivan Pavlov, un ruso más serio que Stalin. Ahora esperaréis que os cuente maravillas de su actuación y que os diga que fue una experiencia única, como ocurría con los conciertos de Coil cuando John Balance vivía… Pues no. En mi sincera opinión el dúo dejo bastante que desear. Tocaron varios temas de su segundo trabajo “XAJ3Z”; y digo tocar por decir algo, ya que toda la melodía salía de sus estupendos Apple. Hasta la voz era grabada. Lo único que aportaron al directo fueron unas escasas notas de piano. Sleazy, orondo y sonriente como un osito de peluche, permaneció sentado en su butaca todo el tiempo observando los balances rítmicos que dictaba la pantalla de su PC. No estuvieron nada mal, pero esperaba algo más que no supieron darme.
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Brighter Death Now la liaron buena. El sueco Roger Karmanik se presentó acompañado por Flint Glass, que se ocupó de controlar los efectos y los escapes asonantes que caracterizan a BDN. Roger se hizo querer. Nada más dar comienzo la actuación, decidió romperle la videocámara a un miembro del público, bajarse del escenario para encararse gratuitamente con varios asistentes, morrearse abiertamente con una japonesa, tirar del pelo a una polaca, encararse acaloradamente con un sujeto de pelo largo que, para su desgracia ocasional, subió al escenario en su busca siguiendo sus pasos y le arrastró de nuevo hacia la pista, golpeándole repetidamente hasta hacerlo sangrar. Después de darle lo que creía merecer, le devolvió a su sitio de origen. Aturdido y un tanto nervioso, el líder de BDN empezó a lanzar esputos de sangre al respetable. La verdad es que nos lo pasamos pipa viendo tal exposición de violencia y anarquía; todo era verdaderamente desconcertante. Para dar el punto y final a la actuación, pasaron por el proyector una serie de fotos en las que se podían observar momentos de la vida cotidiana de Karmanik y sus amigos acompañados de fondo por una canción de ABBA, 'Thank you for the music'.

8th Wroclaw Industrial FestivalPara por entonces la sala se había vaciado lo suficiente como para moverse con libertad por toda ella. El cierre de este día lo echó Naevus, un cuarteto británico que comenzó su andadura hace ya algunos años. Su estilo puede ser denominado como post-folk. Vamos, básicamente suena igual que una banda de rock convencional, la diferencia radica en que la guitarra preponderante es acústica y la percusión se limita a una caja y un tambor. Su sonido era muy convincente, la pena era que había muy poco público, y mucho de éste se encontraba dormido. Nosotros aguantamos como campeones, más que nada porque el espectáculo lo merecía. Naevus puede llegar muy lejos si perfila un poco más su estilo. Ya puestos a sacar punta, la única pega que les encontré fue la similitud estructural de sus composiciones; por lo demás estuvieron geniales, firmes y elegantes.

El sábado prometía de lo lindo; otras siete agrupaciones nos iban a demostrar sobradamente lo bien que saben hacer música en directo. La primera de ellas fue Prawatt, un trío polaco que se presentó ataviado con alzacuellos. Su sonido podía rememorar en ocasiones a NIN en una faceta mucho más experimental que la que Trent Reznor suele impregnar en sus trabajos. Su paleta de sonido no era demasiado amplia, pero supieron crear unas atmósferas sinuosas a base de guitarra, sintetizador y voz.

A continuación se presentó de nuevo en el escenario Flint Glass.El compositor francés nos sorprendió con su música rítmica y envolvente. La acompañó de una proyección en la que se podía contemplar diversos fragmentos del cine de los años veinte y treinta. Flint no se desprendió en ningún momento de su máscara de pulpo radioactivo fabricada a base de vinilo y látex. Ofreció un espectáculo repleto de intensidad y altibajos que hipnotizó y sugestionó a todos los allí presentes.

Sutcliffe Jugend hicieron lo mejor que saben hacer: desatar caos y desesperación a base de gritos exasperados y melodías lobotomizadoras. Realizaron un concierto impactante. El dúo martirizó los tímpanos del público de la manera más salvaje, vil y despiadada que he tenido ocasión de contemplar hasta la fecha. ¡Menudo descontrol, Virgen Santa! Aunque sabiendo que uno de sus componentes era miembro fundador de Whitehouse, tampoco era de extrañar… Recomiendo encarecidamente contemplar a Kevin Tomkins escupiendo y sazonando alaridos desquiciantes que pueden llegar a dejarte sordo mientras observas anonadado su tez hierática y distante. En todo momento su torso se mantuvo firme como un poste de teléfono, aunque según iba transcurriendo el espectáculo empezó a desvariar cada vez más.

Sorprende infinitamente el hecho de contemplar a un individuo de unos cincuenta y tantos años, bien vestido, con un corte de pelo aceptado por las grandes multinacionales de seguros y que además parece el gerente de una empresa autónoma de transportes y mudanzas, dando gritos a diestro y siniestro hasta producir la hecatombe acústica más despiadada que os podáis imaginar. No podía dar crédito a lo que estaba contemplando, era algo auténticamente surrealista. Ya les conocía por su “Pig Daddy” editado por Cold Spring; sabía lo que iba a ver, pero jamás me imaginé hasta qué punto se podía incrementar la ya de por sí desmesurada intensidad ruidista que ese CD esconde.

Después de que los ingleses Sutcliffe Jugend utilizasen mi oído como prendedor de alfileres, Knifeladder, un trío británico capitaneado por el mítico John Murphy, genial percusionista que ha trabajado con todos los grandes del movimiento industrial y dark-folk, desde SPK a Der Blutharsch, pasando por Death In Juneo Current 93. Murphy dio constancia una vez más de lo bien que se le da tocar la batería. Golpeaba los tambores de la misma forma que un carnicero clava el machete a un cordero despellejado. Salvaje, desgarrador y mortalmente serio. El directo contuvo muchos de los temas que se muestran en su CD “The Spectacle”, y tengo que admitir que en directo suenan mucho más convincentes. La energía que desprenden hace resucitar a un muerto. Y lo mejor de todo es que Murphy estaba como Pepe por su casa, sereno y sosegado, cantando y atizando violentamente los tambores al mismo tiempo.
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Al finalizar la actuación de Knifeladder, la pista empezó a quedarse sin espacio libre. Le tocaba el turno a Psychic TV. Gran parte de los asistentes habían acudido expresamente a contemplar el directo de uno de los creadores del género dark-folk. Genesis P. Orrigde. El transvertido miembro fundador de Throbbing Gristle, hizo acto de presencia vestida como una auténtica hippie de Oklahoma. Su repertorio de temas fue prácticamente similar al concierto celebrado en Madrid hace casi ya un año. Más rockero que otra cosa, Génesis se mostró un tanto afligido por la pérdida de su mujer, enseñando al público un tatuaje del rostro de su amada que se había realizado en el antebrazo. No pudo contener las traicioneras lágrimas de emoción que se escapaban disimuladamente por sus operadas mejillas. No ofrecieron un espectáculo muy agitado, más bien podría decir que éste fue lento y un tanto plúmbeo, pero bueno, son Psychic TV. Nunca sabes por dónde puede salir un personaje del calibre de Genesis P. Orrigde. Estaban tan encantados con su audiencia que no querían dejar el escenario ni a tres tirones. Finalmente, y tras un tema de unos quince minutos de duración, decidieron dejar libre la tarima y permitir el paso a Mona Mur En Esch, el trío alemán más cabaretero del industrial alternativo. La gente que continuaba con vida tras el holocausto de Orrigde no les prestó demasiada atención. Incluso se formaron corros de gente sentada en el suelo que compartía amigablemente cigarrillos de marihuana.

8th Wroclaw Industrial FestivalNihilista puso el punto y final de aquella noche. Los polacos ofrecieron un espectáculo repleto de vicio y descaro. El cantante medio desnudo, demostrando continuamente unas ganas incontenibles por desprenderse de la poca ropa que ocultaba sus vergüenzas, no paraba de sugestionar al público con sus descaradas poses. Su sonido evocaba vagamente al de los Alien Sex Fiend, eso sí, muy tamizado y con más contenido electroacústico.

El domingo era el día de despedida. Nuestra última cita cambiaba de ubicación. Esta vez, los cuatro conciertos que faltaban por celebrarse iban a tener lugar en una sala suburbial de difícil acceso llamada CKR. Ésta se encontraba situada en el final de una galería laberíntica de pisos desvencijados y fríos. Estaba localizada en la periferia de Wroclaw, y sus calles no habían sido asfaltadas; es más, por la acción de la lluvia que estaba cayendo, se habían convertido de forma temporal en auténticos barrizales de color marrón negruzco.

Los conciertos que nos aguardaban tenían un matiz mucho más noise que los que se habían presentado hasta el momento. Dos de las bandas eran de origen checo, y las otras dos de la casa. Krew Z Kontaktufue la primera en realizar su espectáculo, que no se produjo dentro de la propia CKR, si no en una habitación exterior a la que se accedía subiendo unas escaleras metálicas un tanto envejecidas por el óxido. Krew Z Kontaktu ofreció un espectáculo encomiable. Unas treinta personas contemplamos apiñados y a oscuras a dos personajes encapuchados y con la tez oculta, uno enfrente del otro, manipulando sintetizadores y máquinas de efectos con la malsana intención de generar ruidos densos y agresivos combinados con algunos un tanto estridentes, que se nutrían de alaridos proyectados por uno de sus miembros. La única luz existente provenía de unas televisiones laterales que retransmitían interferencias infinitas y una central que rodaba un vídeo casero, cuya temática se basaba en la persecución desesperada por parte de unos zombies a sus víctimas; estas luchaban a capa y espada contra ellos, arrancándoles miembros o friéndoles a tiros mientras las vísceras correteaban continuamente por toda la pantalla. Las sensaciones fueron escalofriantes. Cabe destacar que el habitáculo en el que nos encontrábamos era frío como el hielo y bastante húmedo, factores que beneficiaban al grupo para poder transmitir más fácilmente la sensación de angustia y claustrofobia que pretendían generar.

Al finalizar la actuación, nos indicaron que los próximos conciertos serían en la sala anunciada. La CKR estaba pintada de rojo intenso, y sus paredes carecían de decoración alguna. Su planta era rectangular y bastante angosta, y al final de la misma estaba situado el escenario. En él ya se encontraba preparado para actuar el único miembro de Infamis, que deleitó al público con una espectacular actuación en la que a base de objetos tan elementales como un hornillo o unas varas de metal, conseguía generar sonidos opresivos que configuraban estructuras acústicas auténticamente dark ambient.


Kotel #26 ofreció un espectáculo un tanto depravado. Vestidos como un colectivo fetish, el cuarteto realizaba una música rítmica combinada con escapes sonoros y efectos acústicos de naturaleza industrial. Digamos que no fueron lo mejor del festival.

Para terminar con este octavo certamen de ruido en Polonia, nada mejor que noise del bueno. Yarrdesh me dejaron muerto en la bañera. Su sonido era similar al de muchos discos de Merzbow, es decir, puro y absoluto descontrol instrumental en el que se dan cita infinidad de cortes sonoros de todo tipo adheridos entre sí. Una auténtica locura destroza cerebros. A mí me encantó, pero sabía lo que iba a suceder: de las treinta personas que éramos en la sala, permanecíamos en ella durante la segunda mitad del concierto unas nueve. La intensidad de la música era extrema, y el dúo no reparó ni un segundo en subir cada vez más el volumen de los controles. La situación se hacía insostenible para los neófitos de este estilo de música, que salían de la sala absolutamente desesperados.

El Octavo Festival Industrial de Wroclawfinalizó con los acalorados aplausos de ocho supervivientes y un servidor, que regresó a España con muy buen sabor de boca.

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Evento Comentado por: Fernando O. Paíno  {MN}
Fotografía por Fernando O. Paíno  {MN}

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